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La planificación de la "lista de la compra"

  • 11 ene 2016
  • 2 Min. de lectura

Salvo aquellos que cuentan con "servicio", yo no soy uno de ellos, el resto de los mortales tenemos que ocuparnos (y deberíamos pre-ocuparnos también) de pensar en nuestra alimentación diaria y, en algunos casos, la de las personas que conviven con nosotros.

Vale, esta tarea, si bien no parece demasiado complicada, provoca en muchos casos un desasosiego totalmente lógico, no para quien aporta una idea suelta de lo que querría encontrar en su plato al llegar a la mesa, sino para quien debe pensar en el momento de comprobar que cuenta en la despensa con todo lo necesario para realizarlo, buscar un momento para ir a comprar lo que falte, encontrar el momento de cocinarlo y ponerse a ello, cantidades y raciones, encontrar espacio en la cámara una vez cocinado y atemperado, calentarlo en su momento, servirlo... y todo ello, en muchas ocasiones, sin la menor recompensa (un "qué rico estaba" suele ser un premio suficiente la mayoría de las veces).

Entonces, cómo podemos aliviar al menos parte de este proceso que es recurrente en nuestras vidas?

Buscando un método que nos permita anticiparnos y de un poco de orden al proceso y es aquí donde la "lista de la compra" juega un papel trascendental, apoyada en otro elemento clave como es la planificación de los "menús" a lo largo de la semana, aunque muchas veces nos contentaremos con sólo dos días a la vista (buscando un equilibrio en la dieta saludable, ingredientes de temporada y todo ello a un precio "justo").

Mi experiencia personal aconseja poner por escrito en un papel los platos que quiero cocinar (pensando en salud, el tiempo que me llevará y el momento en el que lo haré, temporada y precio) y hacer un repaso mental de lo necesario para su elaboración, recogiendo un rápido apunte en la libreta de aquello que intuyo me está faltando en casa.

Este primer paso se ve completado con uno segundo en el que, de manera más pormenorizada, repaso físicamente mi despensa para corroborar lo que mi memoria me indicaba en el paso previo. Además aprovecho la ocasión para verificar que los elementos comunes que en cada casa estamos acostumbrados a tener (harina, sal, huevos, ajos, cebollas, tomates, aceite, pan rallado, leche, yogures, café, cereales, chocolate, ...) cuenten con niveles deseables hasta la siguiente "lista de la compra".

Es el momento de comprobar que en la cámara no se va quedando nada "atrasado" y, si se está siendo así, ver la manera de aprovecharlo desplazando uno de los menús pensados a otro día de la semana.

Esto evitará, la mayoría de las veces, comprar artículos superfluos que contravienen una dieta "razonada" y dejarlos para "ocasiones" de las que poder darnos un capricho.

Para finalizar, repaso los artículos de higiene personal y limpieza en el hogar que requieren de una compra más espaciada. Con mi lista podré ahorrar tiempo y dinero cuidando mi dieta y la de los míos.

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